
Érase una vez un pueblo de cartón
En el corazón del teatro comunitario y con fuerte compromiso social, el grupo Rebrote presentó recientemente su más reciente creación: "Érase una vez un pueblo de cartón". La obra, cargada de metáforas y humanidad, nos invita a mirar con ternura y crítica los paisajes sociales que habitamos: esos espacios donde la precariedad convive con la dignidad, donde lo frágil se levanta una y otra vez con la fuerza de lo colectivo.
Con una puesta en escena que combina humor, poesía y reflexión, Rebrote continúa su búsqueda por contar las historias de los pueblos desde adentro, desde sus sueños y contradicciones. En esta entrevista, conversamos con lxs integrantes de la agrupación sobre los orígenes de la obra, su proceso creativo y las resonancias que esperan dejar en el público después de cada función.
Entrevista con Rebrote: Artes Escénicas
El origen de una historia migrante
La semilla de "Érase una vez un pueblo de cartón" germinó hace muchos años, en una de las primeras migraciones de uno de los integrantes del colectivo Rebrote, quien dejó su pueblo en el sur de Nicaragua para estudiar en la capital. Durante su estadía de casi una década, formó parte del taller permanente de narración oral del Movimiento de Narradores Orales de Nicaragua, con sede en la Casa del Teatro de Títeres Guachipilín, bajo la dirección de la actriz-titiritera Zoa Meza.
"En aquel taller siempre existió la necesidad de contar nuestras propias historias: relatos confeccionados por nosotres mismes." Así, la obra tiene varios antecedentes y transformaciones que la condujeron a lo que recientemente se presentó en el Centro Cultural de España en Costa Rica.
Todo comenzó cuando Jícara escribió un texto titulado "El niño de cartón que quería nadar en la laguna". Años después, en medio de una etapa de vulnerabilidad como persona migrante interna, escribió un nuevo texto teatral para explicar de dónde provenía la familia de ese niño. El texto permaneció guardado desde 2017 hasta 2020, cuando, en plena pandemia y desplazamiento forzado, el Movimiento de Culturas Vivas Comunitarias logró que el Ministerio de Cultura y Juventud permitiera a personas solicitantes de refugio o refugiadas aplicar a los fondos concursables del gobierno.
En ese contexto, Jícara y Yemn —quienes se habían conocido en 2019 durante un curso de gestión sociocultural— decidieron unirse en el proyecto. En 2020, Jícara invitó a Yemn a formar parte de Rebrote: Artes Escénicas (fundado en 2018) y a aplicar juntas a una beca creativa para escribir un guion teatral de títeres, basado en aquel germen de texto que viajaba en la "maleta" desde Nicaragua.
"Reconocernos migrantes, reconocernos de pueblos transfronterizos y entender que nuestras familias estaban marcadas por la migración fue el primer impulso", comparten.
La beca marcó el inicio de un proceso de investigación y escritura colectiva. Entrevistaron a personas migrantes en Costa Rica para incorporar otras experiencias y voces. De allí surgió una reflexión profunda sobre los silencios heredados en las memorias familiares y la necesidad de nombrarlos. Así nació la historia tal como hoy se representa: una narración poética sobre desplazamiento, identidad y reconstrucción.
"Ha sido un proceso hermoso y muy vivido, lleno de transformaciones y resurrecciones; de ciclos de vida–muerte–vida, si queremos ponernos naturalistas", ríen.
El cartón como símbolo
El título "Érase una vez un pueblo de cartón" evoca fragilidad, pero también imaginación y resistencia.
"Migrar es un derecho humano; la movilidad es un derecho humano. Pero, como muchos derechos, la migración a menudo queda en la falacia del papel", explican.
El pueblo de cartón simboliza esa vulnerabilidad material y social, pero también la capacidad infinita de adaptación. El cartón, como materia viva, puede transformarse en caja, en piel de títere, en escenografía o en herramienta de creación.
De hecho, parte del montaje —incluidas las rejas del concierto de lanzamiento de Monarca— fue elaborado con cajas de cartón cortadas y pintadas.
"A pesar de su fragilidad, el cartón representa la posibilidad de reconstruirnos. Evoca la necesidad de adaptarnos, transformarnos y resistir."
¿El título evoca fragilidad, pero también imaginación. ¿Qué simboliza ese "pueblo de cartón" dentro del contexto actual del país o de nuestra región?
Migrar es un derecho humano; la movilidad es un derecho humano. Pero, como muchos derechos, la migración a menudo queda en la falacia del papel. Es un hecho que existe una brecha de clases, y que las condiciones para migrar cambian según los privilegios con los que cuentes.
Cuando se escribió "El niño de cartón que quería nadar en la laguna", se buscaba hablar de esa fragilidad y de la manera en que el niño, a pesar de que todos le niegan o intentan impedirle cumplir su sueño, logra encontrar una solución.
Luego vino el desplazamiento forzado, y creamos Rebrote como parte del reconocimiento de nuestra memoria migrante y de nosotres como personas que viven esa condición.
A pesar de la fragilidad del material, creemos que el cartón tiene una enorme capacidad de transformación: puede ser caja, piel de un títere o escenografía; puede convertirse en utilería no solo para esta obra, sino para muchas otras. Por ejemplo, las rejas utilizadas en la escenografía del concierto de lanzamiento de Monarca las elaboramos con cajas de cartón cortadas y pintadas.
Así, la obra y la mención de este material evocan también la necesidad de adaptarnos y transformarnos.
Teatro, memoria y comunidad
Tanto COPAL como Rebrote comparten un compromiso con lo comunitario y lo social. Para elles, la obra es una invitación al diálogo entre comunidades migradas y de acogida.
Durante el preestreno, una madre venezolana fue interpelada por su hijo sobre historias que no le había contado acerca de su migración. "Ella le dijo que sí tenía, y él le preguntó por qué no se las había contado antes. Ese tipo de reacciones nos muestran el poder del arte para abrir memorias", cuentan.
"Queremos generar un diálogo mediado por el arte y la transformación social. Honrar el legado de nuestros territorios como espacios de tránsito y encuentro."
También destacan la importancia de la política cultural costarricense que, en su versión de 2023, reconocía el derecho de todas las culturas a ejercer y disfrutar su propia identidad dentro del territorio. "Aunque ya no esté vigente, queremos aportar a ese espíritu de convivencia y defensa de la movilidad humana como derecho."
Retos y metáforas del proceso
El proceso de creación y montaje fue tan desafiante como simbólico. Todo el equipo —interno y externo— está conformado por personas migradas, con un par de colaboraciones costarricenses.
"La autogestión es un camino hermoso, pero exige mucha convicción. Trabajar como personas migrantes en un país desigual y con un costo de vida tan alto requiere flexibilidad, acuerdos y mucha empatía."
Para elles, el propio proceso fue una metáfora viva del mensaje de la obra:
"Encarnamos la obra porque somos migrantes y artistas. Crear la obra fue la metáfora."

El público como espejo
"Érase una vez un pueblo de cartón" busca generar sensibilidad y diálogo.
"Queremos provocar conversaciones intergeneracionales, entre familias y entre personas migradas y no migradas. Nuestro deseo es que las condiciones de acogida e integración sean cada día más humanas."
Nuevas semillas creativas
Actualmente, Rebrote prepara una gira de diez presentaciones en distintas comunidades dentro y fuera del Gran Área Metropolitana de Costa Rica. Paralelamente, realizarán cinco talleres participativos junto a organizaciones que trabajan con comunidades de acogida.
El colectivo también impulsa un proyecto multi-escénico producido por Palabrandante e integrado por República de Pájaros, titulado Landa Landa, que combina cuentacuentos, narración oral, flow art y teatro de títeres de pequeño formato.
"Vamos paso a paso, caminando lento porque vamos lejos. Continuaremos fortaleciendo la vinculación comunitaria desde un enfoque de derechos humanos, migración y transformación social."


